Bucear en Noruega es un estudio de contrastes: bosques de algas y jardines de coral de aguas frías se balancean junto a escarpadas paredes de fiordos y dramáticos pecios, creando ricos hábitats para especies como el pez lobo, el bacalao del Atlántico, vieiras, anémonas y coloridos corales blandos. La visibilidad puede variar desde unos pocos metros en los fiordos ricos en nutrientes hasta aguas transparentes en las corrientes costeras; las floraciones estacionales de plancton traen peces juveniles y agregaciones de medusas parecidas a las mantas que hacen las delicias de los fotógrafos. Muchos lugares presentan paredes escarpadas, cavernas y naufragios históricos accesibles tanto desde tierra como desde barco, ofreciendo una topografía variada para todos los niveles de habilidad.
Las inmersiones típicas incluyen entradas fáciles desde la costa a lo largo de bahías protegidas, breves saltos en barco a arrecifes marinos y excursiones al estilo de los cruceros en vivo a los remotos archipiélagos del norte. En verano, el sol de medianoche amplía las horas de inmersión y calienta las capas superficiales, mientras que el invierno ofrece una luz espectacular, menos multitudes y la posibilidad de combinar el buceo con la observación de las auroras boreales. Para muchos visitantes resulta sorprendente lo vibrante que es la vida en aguas frías: las especies suelen ser longevas y extrañamente esculpidas, lo que confiere a Noruega un atractivo único, casi de otro mundo, para los buceadores aventureros.