Con cuerpos alargados y colas poderosas, las salamandras están bien adaptadas para desplazarse lenta y sigilosamente por los lechos de ríos y estanques. Especies como la salamandra gigante japonesa habitan en ríos frescos y caudalosos, donde cazan peces, insectos y crustáceos por la noche. Como antiguas supervivientes con un linaje que se remonta a millones de años, las salamandras son indicadores vitales de ecosistemas de agua dulce limpios y sanos.