A pesar de su temible aspecto, los miraestrellas no son agresivos y sólo suponen un riesgo si se les toca accidentalmente. Su capacidad para mimetizarse perfectamente con el entorno, combinada con su extraña anatomía, los convierte en un descubrimiento fascinante para los macrofotógrafos y los naturalistas submarinos curiosos. Avistar un miraestrellas es como descubrir un secreto oculto del mar: un momento de sorpresa y asombro que revela lo extraña y diversa que puede ser la vida marina.